A veces conversábamos de las cosas triviales,
yo disfrutaba en silencio de su belleza interior.
El encanto de la cosa no dicha,
el susurro del pensamiento apenas contenido
detrás de un gesto fugaz.
El de decirlo todo con un leve parpadeo
de huidizos y bellísimos ojos.
¡Qué hermoso fue, Dios mío, jugar con los silencios!
Otras caminábamos tomados de la mano
y eramos como uno
compartiendo el letargo del tiempo detenido.
Quizá lo más hermoso pasará por la imaginación.
Quizá lo más hermoso pasará por la imaginación,
el dejarse llevar hacia que nos amáramos
con la complicidad inocente del silencio.
El suplía dulcemente a la palabra,
vana en esos instantes.
¿Cómo traducir lo que se siente
cuando una mano se encuentra con la otra?
Ahora la recuerdo...Lejos...Ausente.
Su palidez...aquella caricia que quedó pendiente.
Y aunque fuera hermoso amar en silencio,
a veces la evoco, no se porqué... Con una lágrima...
Y le digo a las sombras lo que debí decirle a ella.
Desconozco el autor


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